Ventas - Producción. Mi sector - Tu sector. Nosotros - Ellos.
¿Reconoce estas expresiones?
¡Claro que las reconoce!
Lo que me propongo en estas líneas es reflexionar junto a ustedes sobre las consecuencias que tiene para las compañías y las personas que trabajan en ellas el seguir manteniendo la concepción fragmentada de empresa tan instalada en el mundo de hoy.
En este tiempo de exacerbaciones y desbordes, lo que fue una buena idea de organización inicial de “división del trabajo”, propuesta por Adam Smith allá por 1776 en su “Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”, hoy ha derivado en una organización compuesta de reinos que compiten implacablemente entre sí.
Es como si los dedos de una mano se olvidaran que forman parte de una misma mano y que a su vez, esta mano (que no puede creer las rencillas entre pulgar y mayor por ver quien tiene razón o las argumentaciones que exponen el meñique y el anular respecto de a cual le corresponde el anillo), pretendiera ser la única, perdiendo de vista que en el mismo cuerpo del que forma parte, hay también otra similar del otro lado.
Bien podríamos asemejar esta analogía de los dedos y las manos con lo que observamos a diario en nuestro trabajo con los gerentes, los mandos medios y el resto del personal de las distintas áreas: cada una se cree lo suficientemente especial y autosuficiente como para decir que los problemas de la empresa son culpa de los demás.
Si no podemos ver nuestra participación en la creación de problemas tampoco podremos ser socios de las soluciones.
Esta manera tradicional de operar en el mundo empresarial de hoy surge como la descripción exacta de una de las enfermedades de nuestro tiempo: el cáncer.
Un enfoque de la empresa como unidad nos va a permitir anticipar e intervenir en el mundo organizacional lo que al cuerpo humano no siempre le es posible pues, la mayoría de las veces, nos damos cuenta de la existencia de células cancerosas viviendo a expensas de otras cuando la tumoración maligna ya está instalada de una manera irreversible.
La relevancia de esta reflexión apunta a revisar un malentendido respecto de la realización de la libertad y la inmortalidad: vivir a expensas de otro creyéndonos especiales está siendo una opción contraproducente por no decir suicida ya que nos encontramos con que “muchos otros” operan del mismo modo.
La sanación del sistema, por lo tanto, estará en detener este juego de exclusión para plantearse una supervivencia que sólo estará disponible como unidad indivisible.
El premio Nobel John Nash en 1994 (más conocido a partir de la película “Una mente brillante”) demuestra que la sociedad maximiza su bienestar cuando cada uno de sus individuos acciona a favor de su propio bienestar sin perder de vista el de todos los demás integrantes del sistema.
¿Seguiremos necesitando que alguien más nos lo diga?
Quien escribe postula que no es una cuestión de entender ni de aprender pues el sentido común es tan contundente que no resiste análisis.
Lo que estamos necesitando es del coraje de empresarios y ejecutivos que se animen a conducir y liderar sus empresas apostando al aumento de la productividad a través del desarrollo alineado de las personas que trabajan en ellas.
Pasando a la acción le pregunto:
• ¿Observa áreas dentro de su Organización que compiten entre sí olvidando que forman parte de un todo?
• ¿Podría identificar cuáles son?
• ¿Qué piensa hacer?
Lo invito a continuar juntos la reflexión en su práctica empresaria concreta.
Lic. Marcelo Krynski